La industria automotriz motoriza a la economía azteca. Ya anunciaron inversiones por u$s 4.400 millones en los próximos cuatro años

Cuando uno ingresa a la planta industrial que tiene Volkswagen en Ciudad de México, lo que se observa es cómo va tomando forma la columna vertebral de la recuperación de la economía azteca, tan impulsada por las exportaciones.
Es aquí donde las prensas de 18 toneladas descienden sobre láminas de acero importadas desde Asia y las ondulan para armar los paneles que formarán luego la carrocería de cada uno de los VW Jetta nuevos que llegarán a todo el mundo.
La recuperación de México ha sido rápida. El año pasado, la economía se contrajo 6,5%, el peor desempeño de América latina, y del país desde 1932.
Este año, el ministro de Finanzas estima que el crecimiento será de 4,5%. Y la mayor parte de eso proviene de las exportaciones, que ahora representan aproximadamente una tercera parte del PBI, comparado con una cuarta parte hace dos años.
Las ventas de automóviles al extranjero se han acelerado. Alcanzaron a 1,4 millones de unidades hasta septiembre, 71,2% más que el año pasado y 10,5% más que 2008, el mejor año de su historia.
Dado que la mayor parte de la economía interna todavía tiene problemas tras la contracción del año pasado, y que la administración de centroderecha del presidente Felipe Calderón está envuelta en una sangrienta guerra contra los carteles de las drogas, la industria automotriz mexicana se convirtió en un símbolo de esperanza mientras los fabricantes abren turnos de trabajo adicionales para satisfacer la demanda proveniente del exterior.
Sergio Martin, economista jefe en HSBC en la Ciudad de México, señaló que los vehículos representan el 15% de las exportaciones totales del país y han brindado una de las fuentes de crecimiento más importantes desde que comenzó la recuperación económica.
La expansión beneficia principalmente a los vehículos compactos y subcompactos porque los fabricantes están descubriendo que México ofrece una de las mejores plataformas de exportación para satisfacer la creciente preferencia que en todo el mundo muestran los consumidores por los autos más chicos y baratos.
Además de la inversión de u$s 1.000 millones que hizo VW para desarrollar y producir el nuevo Jetta en México, Ford este año convirtió su planta de estampado y ensamble en un centro de producción para su modelo compacto Fiesta, que se venderá en América del Norte.
Desde 2008, Ford invirtió cerca de u$s 3.000 millones en México, incluyendo la ampliación de 25.800 metros cuadrados en Cuautitlán con sus cinco nuevas prensas y 270 robots, una planta nueva de motores gasoleros ubicada en el norte del estado de Chihuahua y una fábrica nueva que abastece transmisiones automáticas para el nuevo Fiesta.
Mientras tanto, Chrysler anunció este año que desembolsará u$s 550 millones en México para comenzar a producir el Fiat 500. Según la compañía, se fabricarán 100.000 Fiats por año, la mitad de los cuales irán directo a América del Norte y la otra mitad a América del Sur. La producción comenzaría en diciembre.
En julio, cuando Carlos Ghosn, presidente de Nissan Motor visitó México, confirmó que la segunda economía más grande de Latinoamérica sería uno de sus únicos cuatro centros globales de fabricación para el Nissan March, el nuevo compacto de la compañía.
También señaló que la automotriz producirá otros dos modelos compactos, los cuales todavía no tienen nombre. La inversión total para los proyectos nuevos, que se espera elevarán la fabricación total de autos Nissan en México a cerca de 500.000 unidades por año, asciende a una cifra cercana a u$s 600 millones.
Según el ministro de Economía, las automotrices anunciaron inversiones por u$s 4.400 millones para los próximos cuatro años. Thomas Karig, vicepresidente de relaciones corporativas en VW en México, señaló que la necesidad de bajar los costos de los autos más baratos es uno de las principales motivos por los que varias compañías, incluyendo la suya, están eligiendo a México como país para desarrollar sus modelos compactos y subcompactos. Como era de esperar, la mano de obra barata forma parte de esa receta.
Sin embargo, Lorenza Martínez, secretaria del ministerio de Economía, señaló que los cuarenta y pico de acuerdos que tiene México con otros países lo convirtieron en un lugar barato para que los fabricantes importen materiales y exporten vehículos terminados, en particular a Estados Unidos y Canadá en el marco del NAFTA, el acuerdo de libre comercio norteamericano.
“Somos el único país con acceso preferencial a dos terceras partes del PBI del mundo”, aclaró Martínez. Si México fuera nuevo en la producción automotriz, la mano de obra barata y el acceso preferencial a mercados no serían factores suficientes y los desafíos para las compañías serían considerables. Pero la industria azteca tiene décadas, y ofrece una importante reserva de mano de obra calificada.
Ese know-how, afirmó José Muñoz de Nissan México, no sólo creó eficiencia sino también permitió que los fabricantes comiencen a emplear ingenieros mexicanos en la etapa de diseño de modelos nuevos.

Fuente: El Cronista Comercial. (25/10/2010).

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