Las cifras siempre son engañosas, porque se puede ver el vaso medio llenó o medio vació, depende de quien lo mire, y en la industria automotriz este fenómeno se agudiza. Los datos que ofrecieron la AMIA, que preside Eduardo Solís, y la AMDA que encabeza Luis Gómez, permiten ser tan entusiasta como el presidente Felipe Calderón o tan crítico como el PRI, después de la alianza PAN-PRD.

Por un lado tenemos la producción y las exportaciones. Las primeras se duplicaron, si las comparamos con el año pasado que fue de recesión. Crecieron 102 por ciento y cualquier dato de tres cifras es para aplaudirlo, pero si lo comparamos con el 2007 cuando se tocó el techo, pues está abajo en 24.2%. Ya se superó el millón de unidades ensambladas y podría llegarse a los dos al terminar diciembre. Es la cara alegre.

El repunte de los datos de producción y exportaciones tiene nombre y apellido se llama Estados Unidos, quien compró el 62 por ciento de la producción y el resto se fueron a otros mercados. Hasta en destinos vemos ya una diversificación. Al empezar el Tratado de Libre Comercio era casi el 90 por ciento y esto habla de una estrategia que está en sincronía con el mundo.

Sin embargo, por otro lado tenemos el mercado interno, que vive una crisis que supera en mucho a otros sectores productivos. Van de la mano con la industria de la construcción, que vive momentos dramáticos. Se pensaba que al incrementarse el índice de confianza del consumidor, que publica el INEGI iba a ser la bandera de despegue, pero a pesar del repunte, se ve la ausencia de los clientes.

De acuerdo a datos oficiales, las ventas de este año serán similares a las del 2000, es decir, un atraso de 10 años, que es una cifra que da temor. Las ventas continúan estancadas y solo los descuentos en el pago de tenencia y que se suelte el crédito podrían ser los detonadores del crecimiento.

Lo curioso es que antes de la crisis, las SUV y los autos grandes empezaban a imperar en la venta de vehículos y ahora volvieron los subcompactos y compactos quienes tienen una mayor proporción del mercado, lo que habla del nivel del deterioro de la economía personal de los comparadores y es fiel reflejo de los niveles de desempleo y congelamiento de los salarios.

Por qué otros países como Brasil están vendiendo tres millones de autos anuales o creciendo el 16% como en Estados Unidos. La respuesta es sencilla, porque no enfrentan los problemas de la industria en México, donde impera la informalidad y se privilegia el interés político sobre el interés económico.

El estancamiento de la industria no empezó con la recesión de finales del 2008, ya venía arrastrándolo años atrás cuando al presidente Vicente Fox se le ocurrió ganarle la partida a la oposición y abrió el país a cinco millones de autos chatarra. Quien compra un auto nuevo, es porque tenía un usado y los niveles de ventas cayeron cuando millones prefirieron experimentar con un “chocolate”. Ese fue el verdadero factor que deprimió al sector. La recesión, fue sólo el último golpe y del cual todavía no se recupera el país.

Fuente: La Crónica de Hoy (13/07/2010).

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