La mayor matricería del país solicitó la apertura del concurso preventivo

La irrupción de Corea del Sur como proveedor de matrices y moldes para la industria automotriz argentina puso contra las cuerdas a uno de los rubros más importantes del autopartismo local.

La situación comenzó a dificultarse hace más de un año, luego del estallido de la crisis, pero alcanzó su punto más crítico esta semana, cuando Matricería Austral, la mayor empresa del rubro en el país, solicitó la apertura de su concurso preventivo.

La empresa, que tiene 340 trabajadores, sigue trabajando normalmente en su planta de Córdoba, pero su situación financiera se complicó luego de que una entidad pública, el Banco de Córdoba, le pidió un embargo, lo cual obstaculizó la posibilidad de recibir algún tipo de ayuda o crédito blando por parte del Ministerio de Industria, como venían negociando con la cartera que dirige Débora Giorgi. La cesación de pagos se produjo el 23 de junio.

Según fuentes del sector autopartista, “por la competencia de Corea y otros países del sudeste asiático, las matricerías argentinas perdieron muchos negocios, porque las terminales mandan a hacer sus matrices allá”.

Corea, que muchas veces funciona como intermediario de productos fabricados en otras naciones del sudeste asiático, no era hasta 2008 un proveedor habitual de las terminales automotrices radicadas en la Argentina. Con el estallido de la crisis internacional, aquellas fábricas adoptaron una política muy agresiva de precios para conseguir en otros mercados contratos que permitan compensar las caídas de su producción.

“De golpe comenzaron a ofrecer precios entre 20 y 25 por ciento más bajos que lo que puede ofrecer toda nuestra industria”, contó un ejecutivo de una matricera.

Los últimos proyectos lanzados en la Argentina por automotrices como Renault, Peugeot o Ford terminaron en manos de proveedores de matrices radicados en el sudeste asiático. Un proyecto de nacionalización encarado por Fiat le permitió en el último tiempo a Matricería Austral volver a ponerse en marcha, luego de un año en el que casi no había obtenido contratos importantes por parte de las terminales argentinas, aunque todavía no resolvió sus problemas financieros.

La fábrica, que en algún momento perteneció a Renault, es controlada hoy en un 85% por el grupo español Are Sur. Hasta la crisis, exportaba a México y Brasil, que hoy también son mercados conquistados por la matricería coreana.

Fuente: La Nación (08/07/2010).