En los últimos tiempos, se transformó casi en una costumbre: cada semana otra empresa del sector autopartista es noticia por sus dificultades para enfrentar la crisis. Algunas, de origen multinacional, resuelven cerrar sus plantas acá (como Mahle o Autoliv), otras enfrentan conflictos laborales por despidos o reclamos salariales (como Pilkington o Histap), otras debieron cerrar y ser vendidas a un comprador propuesto por el Gobierno (como Paraná Metal) y otras directamente quebraron (como Cive).

La situación del sector es tan crítica que los propios empresarios reconocen que este año se podrían perder 20.000 puestos de trabajo, según surge de una encuesta realizada por la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) entre sus miembros. La cifra representa un 30% del total de los trabajadores que integran el sector. Ese recorte responde a una proyección de una caída del 35% en la producción automotriz (de 600.000 a 390.000 unidades anuales) realizada a principios de año. Hoy las proyecciones de los autopartistas son apenas más benévolas: 420.000 vehículos, lo que representa una caída del 30% respecto del récord de 2008.

Pero, además de la baja en el número de unidades terminadas, los industriales del sector enfrentan otro problema. “El déficit de la balanza comercial en autopartes [US$ 5.370 millones en 2008, un 30% más que en 2007] crece más que el incremento en la producción local de autos, lo que significa que estamos en un proceso de desnacionalización o deslocalización de partes -advirtió Juan Cozzuol, presidente de AFAC, en una entrevista con LA NACION-. Los fabricantes que venden a las terminales hoy tienen menos demanda porque cayó la producción de autos, pero, además porque hay un proceso, sobre todo en los nuevos modelos que se están lanzando, de un bajo nivel de contenido local de partes.”

-¿Puede dar ejemplos?

-Yo preferiría no nombrarlas, pero hay terminales que históricamente tienen niveles de integración muy bajos. Otras tienen un nivel promedio que no es malo, pero en los modelos recientemente lanzados tienen un nivel de integración muy bajo.

-¿Qué otros factores afectan la competitividad del sector?

-Otra cosa que nos preocupa se refiere a que el Gobierno grava con retenciones a las exportaciones industriales y tiene previsto un sistema de reintegros para la devolución de impuestos internos, que es el 6%. Pero hoy en día, tanto los reintegros a las exportaciones, como la acumulación de créditos fiscales por impuestos como el IVA, que son de difícil recuperación, hacen que el exportador hoy esté prácticamente considerando que esos elementos forman parte de un costo y no de una ayuda, porque el Estado está muy retrasado con los pagos. Hicimos una encuesta entre los asociados de AFAC y por todos los conceptos de reintegros, reembolsos, IVA saldo técnico, IVA exportaciones sumaban $ 430 millones al 30 de abril.

-¿Están pidiendo al Gobierno alguna medida particular?

-Nosotros reclamamos como medida de fondo que se defina una política de Estado. Corremos el riesgo de que la Argentina se convierta en una variable de ajuste de la producción automotriz brasileña.

-Hace unos meses, salió una línea de créditos con fondos de la Anses destinada a los autopartistas. ¿Qué pasó?

-Teóricamente se aprobó un monto de $ 100 millones, de los cuales únicamente se licitaron 50 millones. El monto que se destinó es mucho menor que lo que el sector hubiera demandado de financiamiento para poder sortear estos meses de casi inactividad entre diciembre y marzo. Ahí se produjo un cuello de botella financiero. Se hubieran necesitado 1.000 millones de pesos. De aquellos 50 millones, los bancos que los licitaron tienen una política altamente restrictiva para prestarle al sector, por el riesgo implícito que representa ser autopartista.

-¿Es cierto que los bancos les reclamaban que a cambio del préstamo debían colocar un plazo fijo por un monto similar?

-Llegaron esas versiones, o la de que se accedía a la línea, si se la utilizaba para cancelar otras líneas que la empresa tenía con el mismo banco. Y hubo una nula difusión de las entidades que obtuvieron los fondos para tratar de colocarlos. Finalmente, esos fondos nunca llegaron al autopartista que más los necesitaba.

Fuente: La Nación (01/06/09)