Poco después de haber llevado a Chrysler a declararse en bancarrota, el presidente Obama y su equipo económico esperan que el enfoque estricto asumido la semana pasada les permita realizar enormes cambios en General Motors, la cual es mucho más importante y compleja.

Funcionarios comentan que, si la decisión que tomó Obama el miércoles en cuanto a los riesgos que implicaba la quiebra de Chrysler fue difícil, las políticas de reestructuración de G.M. serán mucho más delicadas. Siendo desde ya una sombra de la compañía que alguna vez dominara el panorama norteamericano, G.M. se verá obligada a eliminar decenas de miles de empleos y a cerrar fábricas y concesionarias por todo el país.

En el caso de Chrysler, los fuertes recortes de personal ya se habían realizado y el gobierno únicamente se quedará con una pequeña participación. La alianza con Fiat tiene la intención de vender los autos de la compañía en nuevos mercados del mundo, además de añadir modelos que emplean la tecnología de ahorro de combustible de Fiat. Pero en el caso de G.M., Obama realizará recortes más considerables y se convertirá en el accionista mayoritario. También supervisará la disminución radical de la mano de obra de G.M. conforme intenta poner un alto al desempleo en aumento.

“G.M. es muy distinta a Chrysler”, comentó el viernes el jefe de gabinete de la presidencia, Rahm Emanuel. “Pero supongo que la lección para G.M., y para el resto de las fabricantes de autos, es que éste es un momento en el que un presidente demócrata dijo: ‘En verdad estoy dispuesto a permitir la quiebra de una compañía, y no habrá ninguna chequera abierta’. Debe existir una verdadera viabilidad”.

Nadie cree que Obama vaya a permitir que G.M. se disuelva o que sus activos sean vendidos o abandonados.

Sin embargo, si el proceso legal de Chrysler se desarrolla como espera la Casa Blanca en las próximas semanas, la opción de la bancarrota podría parecer cada vez más atractiva para G.M., según indicaron funcionarios del grupo de trabajo automotriz de la presidencia. La bancarrota también podría ser la única manera de imponer el tipo de reestructuración por la que Chrysler, la cual cuenta con una tercera parte de los trabajadores de G.M. y la mitad de sus plantas, no tuvo que atravesar.

“La amenaza de la bancarrota es muy importante para las negociaciones con los tenedores de bonos, los comerciantes y otros”, comentó David E. Cole, presidente del Centro de Investigación Automotriz en Ann Arbor, Michigan. “En tanto no se vean amenazados por algún peligro evidente no llegarán a algún acuerdo razonable”.

El plan de reestructuración más reciente de G.M. –el cual aún debe ser aprobado por la Casa Blanca– pide el recorte de 47 mil empleos por todo el mundo, el cierre de más de una docena de plantas en Estados Unidos, la eliminación de cuatro marcas y el cierre de 2 mil 600 concesionarias.

Fuente: El Diario (México) (03/05/09)