General Motors Corp. (GM) reveló el lunes un nuevo plan de reestructuración que deja la mayor parte de la automotriz en manos del gobierno y sienta las bases para una batalla con los tenedores de bonos que podría determinar si la automotriz acaba por declararse en bancarrota.

GM le pide al Departamento del Tesoro US$ 11.600 millones, que se suman a los US$ 15.400 millones que recibió, y prevé darle al gobierno la mitad de sus capital como pago por la mitad de los préstamos.

Al mismo tiempo, GM les ofreció a los tenedores de bonos intercambiar US$ 27.000 millones en deuda no asegurada por una participación de 10% en la compañía. Los bonistas tienen hasta el 26 de mayo para canjear su deuda. Al precio actual de la acción, los tenedores de bonos recibirían 38 centavos por cada dólar de deuda.

Si los tenedores de bonos intercambian menos del 90% de la deuda de la compañía, GM está dispuesta a acogerse a la protección por bancarrota, dijo su presidente ejecutivo Frederick “Fritz” Henderson. “El canje de bonos debe prosperar para que no entremos en la bancarrota”, advirtió el ejecutivo en una conferencia de prensa, añadiendo que cree que la bancarrota es ahora “más probable”.

El dilema del gobierno

La reacción inicial al intercambio de bonos fue negativa. “Anticipo que esto tiene no tiene ninguna posibilidad de funcionar”, manifestó Richard Lenderman, un tenedor de bonos de GM en Florida. “Preferiría ver qué pasa en un proceso de bancarrota”.

Brian Johnson, analista de Barclays Capital, dijo que “la oferta probablemente no será aceptada por los tenedores de bonos, a quienes en realidad se les está pidiendo que sacrifiquen la mayor parte de su inversión para ayudar a GM a satisfacer sus obligaciones con el sindicato”.

Por su parte, el gobierno del presidente Barack Obama indicó ayer que está preparado para asumir una participación de control en GM, un desenlace que lo dejaría expuesto a una serie de conflictos de interés potenciales y consecuencias indeseadas.

Si EE.UU. asume una participación de 50% o más en GM, se convertiría en su gestor de facto y proveedor de financiamiento. Estaría en la posición de dictar los estándares a los que se deben ceñir las automotrices para contaminar menos y, a la vez, implementarlos en GM. El gobierno también sería socio del sindicato United Auto Workers, que controlaría un 39% de GM.

Aunque la última propuesta de GM sea rechazada por los bonistas, revela que el gobierno está dispuesto a involucrarse más a fondo en las operaciones y la recuperación de la automotriz.

El gobierno ya posee un 80% de la aseguradora American International Group (AIG), en la que ha invertido US$ 170.000 millones, y podría quedarse con más de una tercera parte del conglomerado financiero Citigroup Inc.

“La gran pregunta es si el gobierno, como accionista, se concentrará en hacer que GM sea rentable o en fabricar autos ecológicos o en cualquiera sea su agenda política para la industria automotriz”, afirmó Peter Kaufman, presidente y director de reestructuraciones de Gordian Group LLC.

GM también anunció que eliminará 7.000 puestos sindicalizados más de los que propuso en su plan de reestructuración del 17 de febrero, reduciendo esos empleos de 61.000 a 40.000 de aquí a 2010. También confirmó el fin de la marca Pontiac e informó que dejará de fabricar vehículos para su división Saturn de aquí a fin de año, dos años antes de lo previsto.

La compañía, asimismo, está considerando cerrar una planta más que la contemplada bajo su anterior propuesta. La planta de ensamblaje en Lake Orion, Michigan, que fabrica el modelo Chevrolet Malibu es una candidata al cierre.

Sólo cuatro marcas

El nuevo plan fue concebido en estrecha colaboración con el Departamento del Tesoro de EE.UU. que ha instalado una oficina en la sede de GM en Detroit. GM cree que con esta nueva reorganización puede alcanzar el punto de equilibrio si el total de las ventas de vehículos en EE.UU. alcanzan 10 millones al año.

El plan anterior de GM, que fue rechazado por el gobierno, habría requerido ventas de 11,5 millones de vehículos al año para alcanzar el punto de equilibrio. La tasa de ventas anualizada en marzo era de 9,9 millones.

GM también redujo por primera vez sustancialmente su proyección de participación en el mercado de EE.UU., de 22,1% el año pasado a 18,5% en 2014.

Henderson dijo en una entrevista que pronto se abocará a reorganizar la cúpula ejecutiva para que la compañía pueda ser “más sencilla y pequeña”. El tiempo de empleo promedio de un alto ejecutivo en GM es de 27 años. La empresa dijo que sólo se quedará con cuatro marcas en EE.UU. ?Chevrolet, Cadillac, Buick y GMC? en un esfuerzo por reducir en 29% los modelos que produce. Las marcas que dejará de fabricar son Saturn, Hummer, Saab y Pontiac.

Mientras se aprieta el cinturón en EE.UU., sin embargo, GM no quiere ceder terreno en los mercados emergentes. General Motors do Brasil, la filial brasileña de la empresa, invertirá US$ 500 millones en nuevos modelos que serán lanzados a partir de septiembre, señaló un portavoz. GM es una de las tres grandes automotrices en el país, junto a la alemana Volkswagen AG y la italiana Fiat SpA.

GM también está apretando el acelerador en China, donde es una de las automotrices líderes gracias a su alianza con el fabricante local Shanghai Automotive Industry Corp. y su participación minoritaria en el fabricante de minivans Liuzhou Wuling Co.

Fuente: La Nación (28/04/09)