La administración Obama forzó cambios en las terminales GM y Chrysler, en un intento para evitar la declaración de quiebra. Sin embargo, adelantó que habrá muchos despidos y cierre de plantas. Plan oficial de estímulo fiscal para impulsar la venta de autos.

“No dejaremos desaparecer a nuestra industria automotriz, pero hay empleos que no podrán ser salvados y plantas que no reabrirán.” Con estas palabras, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, señaló ayer que el plan de reestructuración de las tres grandes automotrices de Detroit (Ford, General Motors y Chrysler) presentado en febrero resultó “inviable”. Por eso condicionó una nueva ayuda financiera a cambio de la renuncia del presidente ejecutivo de GM, Rick Wagoner, sumado a una profunda reducción de costos y una inmediata alianza entre Chrysler y la italiana Fiat. Luego de escuchar el reclamo de Obama, las compañías accedieron a las presiones de la Casa Blanca. Wagoner dejó su cargo – recibirá como indemnización 20 millones de dólares– y Fiat anunció que tendrá una participación del 35 por ciento dentro de Chrysler. Más allá de esta rápida reacción, las automotrices no descartan la posibilidad de declarar su quiebra, algo que también les permitiría acceder a una ayuda gubernamental.

En diciembre del año pasado, Chrysler y GM recibieron del gobierno norteamericano (al final de la era George Bush) 17.400 millones de dólares, a cambio de un plan de reestructuración, que no convenció a las nuevas autoridades de la Casa Blanca. Por su parte, Ford se había negado a recibir ayuda gubernamental. “En caso de que General Motors y Chrysler no presenten planes que permitan regresar a la rentabilidad, es posible que precisen recurrir al proceso de bancarrota”, señaló ayer Obama. El artículo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos les permitiría a las compañías “limpiar antiguas deudas”, señaló el presidente norteamericano.

Antes de llegar a esta situación, la Casa Blanca le exigió a GM que presente un nuevo plan de reducción de costos en 60 días, y a Chrysler le reclamó un acuerdo definitivo con Fiat en 30 días para obtener una nueva ayuda federal de 6000 millones. A partir de esta alianza, la italiana ofrecería su tecnología para fabricar autos más pequeños y baratos. El objetivo es apuntar al consumidor medio, con precios accesibles.

En definitiva, Obama pidió acciones “drásticas y urgentes”. Así fue como GM echó a Rick Wagoner y lo reemplazó por Fritz Henderson, hasta ahora jefe operativo de la compañía. De todas maneras, Wagoner se irá con una sonrisa en su rostro, equivalente a un cheque por 20 millones de dólares, en concepto de indemnización. Chrysler también se apuró y anunció el principio de acuerdo con Fiat, algo que no cayó muy bien en Italia, debido a la difícil situación de ambas compañías. “Primero la alianza y luego, eventualmente, contribuir. Eso implica muchos más riesgos para Fiat, que adquiere parte de un grupo que se encuentra en un estado peor del previsto”, sostuvieron analistas italianos.

“Si no se llega a ningún acuerdo, el gobierno no invertirá un dólar más de los contribuyentes en Chrysler”, afirmó Obama. Pero si hay acuerdo, la Casa Blanca aportará unos 6000 millones de dólares, que se sumarían a los 4000 millones prestados el año pasado. Por su parte, GM le había solicitado a Obama otros 16.000 millones de dólares. Sin embargo, la Casa Blanca no dijo si accederá al pedido.

Como complemento de la ayuda hacia las tres grandes automotrices, Obama prometió avanzar sobre algunas deducciones fiscales de los impuestos pagados por la compra de nuevos vehículos desde el pasado 16 de febrero. También anunció planes para desarrollar programas similares a los que existen en Europa, para incentivar la sustitución de viejos vehículos por nuevos.

General Motors contaba a fines de 2008 con 244.000 empleados en el mundo, la mitad de ellos en Estados Unidos. Sin embargo, este año planea echar a 47.000 personas. La empresa acumula unos 82.000 millones de dólares en pérdidas, de las cuales 31.000 millones fueron en 2008. Por su parte, Ford cuenta con 213.000 empleados en el mundo. A diferencia de sus competidores, GM y Chrysler, rechazó a fines de 2008 la ayuda federal, ya que pensaba recuperarse por sus propios medios. Ford acumula cerca de 30.000 millones de dólares en pérdidas desde 2006. Mientras que Chrysler planea echar este año a 3000 empleados. Si los planes de reestructuración no convencen a la Casa Blanca, Obama insistiría con la quiebra de esas firmas.

Fuente: Página/12 (31/03/09)