Estados Unidos elevó ayer al máximo la presión sobre las debilitadas automotrices, General Motors y Chrysler, al ordenarles que tomen medidas aún más duras para sobrevivir o de otra manera enfrentarán una convocatoria de acreedores.

Barack Obama aseguró que será limitada una nueva ayuda estatal a las firmas, que ya recibieron u$s 17.400 millones en un plan de rescate.

 «No podemos, no debemos y no dejaremos que nuestra industria automotriz desaparezca», sostuvo un día después de haber rechazado los planes de reformas presentados por las dos empresas y forzar la renuncia del jefe de GM, Rick Wagoner. «Es un pilar de nuestra economía que mantuvo en pie los sueños de millones de personas», agregó.

Obama promete financiar las operaciones de Chrysler durante los próximos 30 días mientras termina de sellar una alianza global con la italiana Fiat (ver aparte).

Según fuentes cercanas al caso, el Gobierno norteamericano ve con buenos ojos la posible venta de Chrysler a Fiat. En sí, lo que pretende la administración de Obama es dividir ambas compañías entre sus «buenos» y «malos» componentes. En ese sentido, la mejor opción es que la GM «buena» pueda continuar siendo autónoma y que Chrysler sea comprada por la automotriz italiana.

GM, en tanto, tiene 60 días para reformular su plan, mientras que su nuevo presidente ejecutivo dijo que podría aceptar una reestructuración controlada por una Corte. Sin embargo, pese a que la convocatoria de acreedores aparece como una opción, según indicó The Wall Street Journal, muchos creen que ésta ocurrirá a mediados de junio, momento en que la automotriz se dividirá en dos y la «nueva GM» continuará fabricando marcas claves como Chevy y Cadillac, además de algunas líneas internacionales.

Las acciones de la nueva General Motors podrían ser otorgadas a los acreedores y a los miembros del sindicato de los trabajadores (UAW, por su sigla en inglés). Existe también la posibilidad de que la nueva compañía pueda ser vendida, entera o en partes, a los inversores.

Un elemento clave es que el sindicato logre imponer un nuevo contrato laboral, que incluya una reducción importante en los beneficios de cobertura de salud. Bajo este plan, se espera que la «buena» General Motors que surja no gaste u$s 10.000 millones en jubilaciones y seguro de salud. En cambio, estas obligaciones serían transferidas a la «vieja GM». Esta parte de la compañía quedaría en convocatoria de acreedores durante un tiempo más largo.

General Motors había pedido u$s 16.000 millones en préstamos al Estado tras haber recibido en diciembre u$s 13.400 millones, mientras que Chrysler estaba pidiendo u$s 5.000 millones tras haber tomado u$s 4.000 millones anteriormente.

Además, en un intento por impulsar las ventas de autos desde sus mínimos de 30 años, Obama también ofreció su apoyo para un crédito impositivo que daría a los consumidores una deducción de hasta u$s 5.000 para entregar autos más viejos.

Los tres mayores índices de Estados Unidos cayeron entre un 2,81% y un 3,48% por el duro discurso del Gobierno frente a las empresas, que emplean a cientos de miles de personas. Las acciones de GM cayeron un 25,41% (ver aparte), mientras que las de Ford Motor, que no pidió un rescate, cedieron un 2,82%. Chrysler, que pertenece al fondo Cerberus Capital Management, no cotiza en Bolsa.

El grupo asesor para la industria automotriz de la Casa Blanca rechazó el domingo los planes de renovación que presentaron GM y Chrysler tras sus rescates en diciembre. «Pese a que Chrysler y GM son empresas diferentes con caminos muy diferentes, ambas necesitan un nuevo inicio para instrumentar los planes de reforma que han desarrollado», dijo Obama. «Eso podría significar usar nuestro código de bancarrotas (en referencia a la convocatoria de acreedores) como un mecanismo para reestructurarse rápido y emerger con más fuerza», agregó.

El Gobierno no dijo cuánto capital de trabajo aportará para el financiamiento de las operaciones de ambas firmas, pero GM indicó que necesita u$s 2.000 millones sólo para abril.

Al mismo tiempo, Canadá dijo que los planes presentados por las unidades locales de General Motors Corp. y Chrysler no son suficientes para ser viables, pero ofreció 4.000 millones de dólares canadienses (u$s 3.200 millones) en créditos puente para sacarlas de apuros e reestructuran.

Fritz Henderson, el protegido de Wagoner que fue nombrado como nuevo presidente ejecutivo de GM, dijo que la empresa buscaría lograr más concesiones de los acreedores.