Tres de las más importantes ensambladoras vieron caer su actividad en 2008 entre 20% y 33% por problemas sindicales, mientras que varias autopartistas corren el riesgo de cerrar sus puertas.

En enero de 2008 y luego de exhibir orgullosamente haber alcanzado 28 años consecutivos como líder del mercado, era prácticamente imposible pensar que el 2008 sería para General Motors Venezolana (GMV) uno de los peores que haya enfrentado durante sus seis décadas de presencia en estas tropicales tierras.

Como el resto de la industria, la productora valenciana vio con recelo -aunque dio el chance a la duda- la entrada en vigencia de una nueva política sectorial, que limitaba las importaciones para estimular la manufactura local.

Pero lo que ninguna de las siete ensambladoras nacionales po- dían prever era que la conflictividad laboral, se convertiría en uno de los más difíciles obstáculos para lograr el cometido trazado por el Ejecutivo y compartido por la industria, de elevar la producción a 230.000 unidades, 33% por encima de los número de 2007.

“El tema laboral es un gran problema en parte por el gran ausentismo que enfrentamos, que en algunas fábricas alcanza a 22% de la plantilla”, afirmó en días pasados Gabriel López, presidente de Ford Venezuela, empresa que si bien no ha cesado sus actividades por conflictos con sus trabajadores, indirectamente se ha visto afectada por los inconvenientes de sus suplidores criollos.

Para López el meollo del asunto está claro: “se ha perdido la disciplina porque por un lado, la inamovilidad ha impedido a las empresas separar a los revoltosos que causan problemas por cualquier tontería, pero por otra parte los mecanismos de ley no son aplicados correctamente por las autoridades competentes. Tenemos solicitudes de consideración de despido en las Inspectorías del Trabajo desde hace 12 meses y aún no tenemos respuesta”.

Otras opiniones son más drásticas. “La inamovilidad ha traído como resultado una total impunidad, puesto que los sindicatos han asumido el tema con mucha irresponsabilidad, al punto que el asunto parece haberse escapado de las manos de las autoridades”, afirmó una fuente del sector que, como la mayoría de sus colegas, prefiere no ser identificada por temor a represalias por parte de las organizaciones sindicales.

De retruque

A finales de diciembre pasado, el presidente Ejecutivo de la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productor Automotores (Fevenpa) Omar Bautista, advertía que la industria había enfrentado en 2008 más de 20 paralizaciones por problemas laborales, lo que a todas luces no sólo impidió alcanzar la meta de producción planteada por el Gobierno para este año, sino que devino en un caída de 23% de la manufactura.

En efecto, apenas superado el escollo de la paralización del sector por falta de dólares para importar materiales de ensamblaje, la primera crisis laboral hizo aguas en marzo, cuando un sindicato paralelo no reconocido por las autoridades ni por Bridgestone Firestone, decidió tomar la principal planta de neumáticos del país, en reclamo de supuestas deudas contractuales.

La toma obligó el cierre por varias semanas de Toyota y MMC Automotriz (Hyundai, Fuso y Mitsubishi), mientras que Chrysler tuvo que reducir a cuatro días su jornada semanal, al interrumpirse el suministro de cauchos a las lí- neas de ensamblaje.

Un mes después, y tras haber sido tomada desde octubre de 2007, el Gobierno decretó la expropiación de Ruedas de Aluminio CA (Rualca), principal suplidor de rines de GMV, Chrysler y Toyota, empresas que redujeron su productividad por carencia de piezas.

No menos traumática fue la paralización por casi un mes de Jhonson Controls, la más grande productora de asientos para vehículos de Venezuela, luego que un ala sindicalista impugnara el contrato colectivo aprobado por el sindicato legalmente constituido, lo que dejó sin moldeados a GMV, Toyota, Chrysler y Ford Motor, razón que obligó a esta última a paralizar por primera vez en el año sus actividades.

La guinda de una torta nada apetecible es el caso de Vidrios Venezuela Extra (Vivex), la más grande fabricantes de vidrios para la industria automotriz que, además de sufrir durante el 2008 más de 10 paralizaciones menores por reclamos de sus trabajadores, desde noviembre pasado se encuentra tomada por un grupo de empleados, en reclamo de la cancelación de los dividendos prometidos.

Por si fuera poco, sobre la empresa (que alude pérdidas por el orden de los ocho millones de bolívares fuertes por las continuas paralizaciones) pende la espada de la expropiación solicitada por los tomistas.

“Salir a buscar proveedores externos y la conflictividad laboral incrementa nuestros costos. Podríamos estar produciendo a plena capacidad, pero por diversas razones no hemos alcanzado la meta”, comentó el presidente de Ford Venezuela, empresa que el año pasado vio caer en 7% la cantidad de autos que salieron de sus galpones respecto al período precedente.

In situ 

Si los conflictos sindicales de las autopartistas han incidido en la caída de la manufactura de autos, las complicaciones internas fueron las verdaderas trabas que dieron al traste con los intentos por vender más vehículos con sello venezolano.

Luego de invertir más de 70 millones de dólares para incrementar su producción a 376 autos de pasajero por día y abrir una nueva planta para el ensamblaje de camiones, General Motors enfrentó el año pasado paralizaciones que sumaron casi cuatros meses, buena parte debido a problemas con la dirigencia sindical.

El resultado fue que de sus líneas dejaron de salir 20.000 unidades (30%) menos en comparación con las cifras de 2007, “y esperamos que el 2009 sea un año tan duro como el pasado”, apuntó una fuente de la empresa que al igual que sus colegas, tampoco quiso identificarse.

Para Toyota las cosas no fueron mejores. Aunque sus representantes se negaron a declarar por temer problemas mayores en plena discusión de contrato colectivo, se sabe que las intermitentes paralizaciones de los operarios de su planta de Cumaná (Sucre), hicieron que, pese a contar con un turno adicional de trabajo, la productividad cayera cerca de 20% en 2008.

Y la sangre llegó al río

Pero es en MMC Automotriz donde la sangre llegó al río. Al igual que Toyota, la empresa sufrió los rigores de ceses intermitentes de actividades, para detener sus líneas de ensamblaje durante tres semanas en agosto pasado, cuando el sindicato obligó al conglomerado japonés-venezolano asumir la nómina de un proveedor que se declaró en quiebra (Metalpress).

Sin poder reiniciar sus actividades luego del asueto navideño por una nueva toma de sus instalaciones, la ejecución de una orden judicial que obligaba a los ocupadores a permitir retomar las labores del complejo industrial, finalizó en una batalla campal con saldo de dos muertos y varios heridos.

Negada a sentarse en una mesa de negociaciones si antes no es destituida la junta directiva de la empresa y hasta el mismísimo viceministro del Trabajo Abraham Mussa, el Sindicato Nueva Generación de Trabajadores de MMC (Singetram) ha dado la más clara demostración del poder que han acumulado las organizaciones sindicales, y la poca capacidad de las autoridades para encausar unas aguas que parecen haber rebasado sus diques de contención. 

Lo que viene

No a la tercerización

Al afirmar que las pingües ganancias del sector ensamblador superan el 200% y que su productividad está por encima de lo estimado, la coordinadora de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) Marcela Máspero, justifica el rol desempeñado por los empleados automotrices al plantear la lucha contra “los intereses capitalistas” de sus patronos.

“Las utilidades que obtienen no son invertidas en mejoras para sus trabajadores, violando lo establecido en la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (Lopcymat) y hasta los derechos humanos. Se han convertido en empresas de desechos humanos. Si ellas hicieran lo necesario, tendrían más ganancias y trabajadores satisfechos”, afirma la dirigente que ha apoyado los conflictos en MMC, Toyota y Vivex, entre otras compañías del área.

Defiende además la toma de planta productora de Hyundai y Mitsubishi por asegurar que su directiva ha hecho de la tercerización el mecanismo para evitar el pago de pasivos laborales y torpedea al contrato colectivo. “Los trabajadores defienden los derechos de compañeros que realizan labores de limpieza y mantenimiento en las instalaciones, una actividad tan importante como la producción de carros”, sentenció. 

Fuente: Cadena Global (Venezuela) (09/02/09)