Tras un año en la Casa Blanca, el pasado 27 de enero el Presidente Obama realizó su primer balance de gestión a través del conocido discurso del State of Union.

Si bien dio un parte de tranquilidad al mencionar que la “recensión técnica” había quedado atrás, también mencionó que le preocupaba la debilidad de la demanda agregada y el elevado desempleo. Por esta razón se “atrevió” a esbozar la creación de nuevas ayudas fiscales para impulsar el débil consumo de los hogares, a pesar de la creciente deuda pública.

¿Qué significa todo esto para la principal rama productiva de los Estados Unidos: la industria automotriz? ¿Podrá esta industria sobrevivir durante el año 2010 al propio “anticipo” de ventas que significó el programa público de “dinero por chatarra”?.

Con tasas de desempleo abierto fluctuando entre un 9-10% y las persistentes dificultades del sector hipotecario, es muy posible que las ventas de automóviles continúen siendo bajas durante el año 2010. Por ejemplo, los pronósticos de los especialistas indican que la General Motors (más conocida ahora como Governmental Motors) arroje un estancamiento de sus ventas en los mismos niveles del 2009. Esto equivale a vender unos 2 millones de unidades, representando una caída del 30% frente a las ventas del 2008.

En buena medida ello se explica por el efecto del programa “dinero por chatarra” (cash for clunckers).

Este entregó, hasta agosto del 2009, un máximo de US$4.500 por carro subsidiado, donde la idea era sustituir vehículos viejos y de bajo rendimiento por galón.

Las ventas mensuales de las principales empresas estadounidenses (GM, Ford y Chrysler) sumaron en total 439.700 unidades en julio (un 11% más que en junio) y 519.400 unidades en agosto (un 18% más que en julio). Sin embargo, éstas cayeron un 36% en septiembre del 2009, a 331.000 unidades.

Se ha estimado que sin este programa de “dinero por chatarra”, las ventas del 2009 habrían caído un 24% y las del 2010 estarían mostrando un incremento de un 20%. Lo que se hizo fue anticipar las ventas para “comprarles” caja a la industria automotriz de los Estados Unidos.

Deloitte (2009) ha concluido que la crisis (2007-2009) desencadenó una transformación estructural de la industria automotriz a nivel mundial. Por ejemplo, los consumidores de los Estados Unidos parecen estar migrando (por fin) hacia automóviles más pequeños y eficientes. El grave problema para la industria automotriz es que las ganancias más significativas se logran con la venta de automóviles de gama alta y gran cilindraje.

De otra parte, esta industria se está teniendo que “reinventar” en momentos de baja liquidez, donde la amenaza de la comercialización del auto-eléctrico implicará reestructurar buena parte de su aparato productivo.

En anticipo a ello, se ha acelerado la reubicación de varias de sus plantas hacia países de bajo costo laboral y buena dotación de infraestructura, donde los campeones son los BRICs: Brasil, Rusia, India y China (¡Qué envidia que Colombia no esté aún en ese club de países emergentes exitosos¡). Bástenos un par de datos para saber por qué migran hacia allá.

El costo laboral promedio de la industria automotriz de Estados Unidos es un astronómico US$70/hora (donde el resto de la economía enfrenta un salario mínimo de referencia que bordea los US$7/hora). Pues bien, el costo en dichos BRICs bordea los US$5/hora.
¿Por qué no vienen a Colombia? Pues porque el costo que tienen las firmas que pagan parafiscales y recargos laborales, aun si pagan el salario mínimo, los lleva a unos costos de US$10/hora, el doble del referente en otros países emergentes.

Por esta razón, se ha estimado que cerca del 50% del crecimiento de la industria automotriz a nivel mundial ocurrirá en los mercados emergentes exitosos durante 2008- 2015, donde Colombia no aparece en el radar.

En síntesis, el sector automotriz estadounidense sigue siendo la nuez del aparato productivo de los Estados Unidos, con importantes encadenamientos hacia el sector de alta tecnología y también hacia el comercial y el de servicios (distribuidoras de carros, seguros, etc.).

Los programas de salvataje llevados a cabo en los años 2008-2009 han comprado tiempo y caja muy valiosos para poder timonear este sector hacia fuentes de energía automotriz alternativa. Sin embargo, su éxito no está aún garantizado y, de hecho, parte de esa expansión se estará recargando sobre los mercados emergentes.

Fuente: La República (01/03/2010).

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